Compartir

Es probable que el drama denso y sin pausa que ocupa la totalidad de este relato irani, tenga que ver con las situaciones de peligro que viven los habitantes de ese país al sur de Asia. Basta leer las noticias, escuchar la radio, ver los informativos en televisión para comprobar en la constante amenaza que se encuentran. Envueltos en los juegos geopolíticos a nivel internacional, atentados terroristas, los acuerdos y desacuerdos por el poder nuclear, los problemas con Arabia Saudita. A todo ello se suma las protestas sociales por el costo de la vida.

Observando ese panorama es evidente que las propuestas, en este caso cinematográficas, sean dramas, las circunstancias no dejan espacio para las comedias frívolas. Si recordamos brevemente filmes anteriores de otros cineastas iranies; Asghar Farhadi, Jafar Panahi, Abbas Kiarostami, la familia Makmalbaf ( Mohsen, su esposa Marzien, sus hijas Hana, Samira e hijo Maysan) tienen, en casi todas, sus películas las dosis de dramas que se acercan de alguna manera a la realidad.

Coherencia ética

El director Vahid Jaliland continúa esa coherencia ética donde los personajes son sumergidos en situaciones de difícil salida. En “La decisión”,  son un médico forense que sin consecuencias graves choca con su auto a una moto en la que viajan una familia (un padre, una madre, un niño de ocho años y un bebé), el médico insiste (aunque no quiere llamar a la polícia) que vayan al hospital para examinar al niño que se queja de dolor de cabeza, pero el padre se niega y recibe dinero para el arreglo del parabrisa.

A partir de ese accidente la vida de estos seres tendrá un quiebre, porque la tragedia los marcará; El médico reconoce días después el cadáver del niño en la morgue y aunque la colega que le practica la autopsia informa que la muerte fue a causa de botulismo, él no queda conforme, el padre porque es el culpable directo al comprar un pollo muy barato en mal estado y la madre sufre amargamente la ausencia del niño, sin consuelo.

Desenlace funesto

Con estos elementos el relato se encamina a un desenlace funesto donde quedan en el pensamiento de los tres personajes principales como un persistente daño escrutador; las dudas, las responsabilidades, las culpas.

El desasosiego comienza a formar parte de la vida de estos seres.  Es cierto que el director y guionista Jalilvand no les da ni un centimetro de luz de esperanza, el futuro es oscuro. En esto no hace diferencias; ni el médico (que aun sabiendo que no tiene responsabilidad se culpa), ni para el padre ( un trabajor sin educación) que es conciente que su imprudencia provocó la muerte de su hijo. Une a dos clases sociales a un mismo destino fatal. Quizás esto último tenga que ver con la realidad de inestabilidad mencionada al comienzo.

Lo cierto es que Vahid Jalilvand demuestra en su segundo largometraje (el primero fue “Miércoles 9 de mayo”, traducción literal del título original de 2015, también un drama) habilidad para maniobrar con solvencia por el drama y dejar espacio para diferentes lecturas. Claro, que el espectador se preguntará por qué el médico asume la responsabilidad de la muerte del niño. Es una pregunta sin respuesta que abre un abanico de posibilidades, como un final abierto que deja margen para diferentes interpretaciones, también para la especulación.

“La decisión” (Bedoune Tarikm, Bedoune Emzaaka) Irán 1017. Dirección: Vahid Jalilvand. Guión: Vahid Jalilvand, Ali Zarnegar. Montaje: Vahid Jalilvand. Fotografía: Morteza Poursamadi, Payman Shadmanfar. Música: Peyman Yazdamian. Elenco: Amir Aghaee, Zakien Behbahami, Saeed Dakh, Navid Mohammadzaden, Alireza Ostadi. Duración: 104 minutos.