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El Hombre que disparó a Jimmy Hoffa…

y Michael Corleone…

y Tony Montana…

y Carlito Brigante…

Sin importar su sexo, nacionalidad, religión o creencia política, el hecho de que usted esté leyendo esto quiere decir que tuvo un NACIMIENTO y, lamentablemente, ya que nada dura para siempre, algún día usted tendrá su MUERTE. En eso, las excusas y la parte trasera de nuestros cuerpos, TODOS SOMOS IGUALES.

Pocas películas (el epílogo de Barry Lyndon se me viene a la mente) reflejan tan bien esto como The Irishman, la nueva película de Martin Scorsese, quizás, junto al tan amado como odiado Jean-Luc Godard (es Grande, eso es incuestionable), los dos últimos Dioses del Cine aún en actividad cinematográfica (por ahí andan diciendo que Francis Ford Coppola regresaría con la mítica Megalópolis, pero veremos).

Tuve la suerte de leer I Heard You Paint Houses de Charles Brandt hace unas semanas preparándome para el inminente estreno de la película en Netflix (nos había llegado la noticia de que no sería estrenada en Uruguay, pero gracias a Dios existe Cinemateca). Se trata de una grandiosa y monumental narrativa de no ficción. Es sobre la vida de Frank Sheeran, un camionero, matón y sicario que estuvo al servicio de La Cosa Nostra desde su salida del ejercito tras finalizar la Segunda Guerra Mundial hasta más o menos los años 80s. ¿Qué hizo Sheeran o qué es lo cautivante de su figura? Estuvo más o menos vinculado con casi todos los eventos de las páginas negras de la segunda mitad del Siglo XX en los Estados Unidos, algo así como un Forrest Gump verídico y violento: el Asesinato del Jefe de la Mafia Albert Anastasia, la Reunión en Apalachin, la fraudulenta Elección Presidencial de JFK, Bahía de Cochinos, el Asesinato de JFK, el Intento de Asesinato del Jefe de la Mafia Joseph Colombo, las Vendetta a Joe Gallo tras esto último, Watergate y un sinfín número de etcéteras. Pero hay un hecho porque el que se lo destaca más que todos: la desaparición del Sindicalista Jimmy Hoffa.

El Presidente de los Teamsters (así se conoce al Sindicato de Camioneros) ya había tenido su película en 1992, con guion de David Mamet, dirección de Danny DeVitto y protagónico de Jack Nicholson bajo una nariz prostética. Sheeran no aparecía.

Tampoco Rosario “Russell” Bufalino, pero eso tiene sentido cuando uno entiende que se lo llamaba El Don Callado. Dicen las malas lenguas que el personaje de Vito Corleone en la Saga del Padrino de Mario Puzo está modelado tras Vito Genovese y el mencionado Bufalino, y hay quien asegura que el guion cinematográfico del clásico de 1972 fue aprobado por Russell en una reunión con el productor Robert Evans.

Pero vamos a lo nuevo de Scorsese…

Tengo que admitir que al principio de la película no puedo negar mi decepción. Todo ya lo hemos visto, con más energía, virtuosismo, humor y Cine en Goodfellas, y también es cierto que al primer vistazo al rejuvenecimiento digital en la cara de DeNiro es…raro…y chocante. Por suerte está Joe Pesci poniéndose el equipo al hombro como Bufalino en una interpretación prácticamente opuesta a todo los que nos había mostrado en sus anteriores trabajos con Scorsese, pero igual (quizás más) de genial (el Cine es la mirada de Pesci escuchando anécdotas sobre la Segunda Guerra Mundial, mientras parla italiano).

Entonces, como ese jugador que es el arma secreta en el banco de los suplentes, aparece el Jimmy Hoffa de Pacino. Entra gritando y puteando a todo el mundo (el Cine es Pacino escupiéndole un ¡Cocksucker! a cualquiera que se le interponga). Aunque no lo parezca, es lo que necesita el equipo. Con su presencia, la película aparca su condición de Cine de Gánsteres, y comienza a ser un cautivador thriller político a fuego lento.

Pero no nos engañemos, toda la hora final (y ahora ya adaptados al maquillaje digital), y la película, por ende, le pertenece al jugador franquicia del cuadro, a un Robert DeNiro que no estaba tan bien desde Raging Bull (el Cine es DeNiro aguantando las lágrimas en una dolorosa llamada telefónica). Le toca cerrar el match y lo hace con uno de los desenlaces más desgarradores y arrolladores desde lo emocional que me han tocado vivir. La decena de intertítulos en prácticamente todos los Gánsteres que conocemos en la película describiéndonos sus muertes (que van desde “ocho tiros en la cabeza” a “causas naturales, ya que lo quería todo el mundo”) tienen su sentido último en el tercer acto de The Irishman. “Somos la forma en que morimos”, parece ser la conclusión de Scorsese, que con esta cinta realiza su homenaje definitivo al John Ford de The Man Who Shot Liberty Valance. En aquel Western de 1962, Ford cerraba melancólicamente su comentario desmitificador y crepuscular sobre el Oeste, argumentando que “cuando la leyenda se vuelve un hecho, se imprime la leyenda.” La fantasía norteamericana nunca fue tan bien descrita como en esa frase.

¿Y cómo cierra su ciclo gangsteril Scorsese, el John Ford de La Cosa Nostra?

Lo cierra con el trío mágico de DeNiro (“Johnny Boy” Civello, Vito Corleone, David “Noodles” Aaronson, Al Capone, Jimmy Conway, Sam Rothstein), Pacino (Michael Corleone, Tony Montana, “Big Boy” Caprice, Carlito Brigante, “Lefty” Ruggiero) y Pesci (Frankie Monaldi, Tommy DeVitto, Nicky Santoro). Lo cierra con un pintor de casas jubilado sentado en una silla de ruedas. Con Harvey Keitel como el Jefe de Philadephia. Con la música de El Padrino en una conversación con pan y vino. Con Pesci refiriéndose a su personaje de JFK como “un maricón que se llama Ferrie”. Con Jim Norton como Don Rickles. Con la discusión más estrambótica sobre shorts, llegar tarde e “insultos étnicos”. Con Steven Van Zandt como Jerry Vale. Con Pacino sentado a las orillas del lago como en el final de El Padrino II. Con un remake de la muerte de Pesci en Goodfellas. Con la narración en off de Frank sumándose a las voces de Henry Hill, Sam Rothstein, Jordan Belfort y los demás. Con un plano fijo.

El Cine es Scorsese filmando una puerta entreabierta.