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En 1976, el director, guionista y actual presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata José Martínez Suárez (hermano de Mirtha Legrand, por más dato) realizó “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, clásico del cine argentino considerada con el tiempo como una película de culto.  Cuarenta y tres años después Juan José Campanella, talentoso director de cine argentino y televisión (incluido trabajos en EE.UU. ganador del Oscar de la Academia de Hollywood a mejor film extranjero por “El secreto de sus ojos”(2009), hace una remake.

Los personajes en un juego perverso

El asunto está entre seis personajes; Mara Ordaz (Graciela Borges), una actriz famosa años pasados, Pedro Córdova (Luis Brandoni) el marido, un actor con poca suerte, tanto que después de un  accidente automovilístico queda paralítico y se desplaza en silla de ruedas, Noberto Imbert (Oscar Martínez) director de cine retirado y el también alejado de la actividad artística el guionista Martín Saravia (Marcos Mundstock). A éstos se le agrega una pareja de jóvenes empresarios, Bárbara Otamendi ( la española Clara Lago) y Francisco Gourmand (Nicolás Francella).

Los cuatro primeros viven en un caserón con desgaste evidente en empapelados y paredes de envejecidos colores al igual que muebles y otras decoraciones, en medio de un enorme jardín alejado de la ciudad. El pasado los une y el presente los encuentra entre reproches y bromas pesadas, algunas muy pesadas.

Los recien llegados, sorpresa y malestar

Todo el relato se mueve a un ritmo de comedia negra compuesta por diálogos irónicos y de doble sentido. Empero, los habitantes de la mansión, unidos por secretos siniestros, se soportan a pesar de todo.

Cuando llegan a la casona los jóvenes(después se sabe se dedican al negocio inmobiliario y se presentan con intención de comprar la propiedad) algo quiebra el ritmo de vida de los veteranos y de alguna manera los pone en alerta, la sospecha se instala y va creciendo al igual que la inseguridad. Ese malestar entre, principalmente, el director, el guionista y los recién llegados es manejado con sutileza y solapada agresividad por Campanella con miradas cruzadas entre Norberto Imbert y Bárbara Otamendi; desafíos en juego de pool, una partida de ajedrez, una araña colocada en un lugar inesperado. Y…las palabras intencionadas de Martín Saravia, son parte del juego perverso trazado que crece gradualmente.

Coincidencias y diferencias

Hay un común denominador en las dos versiones: reunir en un solo lugar físico a los protagonistas, como aislados de una realidad que los resiste. La cinefilía es otra coincidencia, por parte de Martínez Suárez está, entre otras, en las referencias a el Estudio inglés Ealing y su predilección por las comedias de humor ácido y muy británico, incluso “mezclando” el horror que  encontramos en “Los ochos sentenciados” (Robert Hamer,1949) o en “El quinteto de la muerte” ( Alexander Mackendrick,1955) son ejemplos donde “…se suceden situaciones inquietantemente absurdas”, dice Teresa Montiel Álvarez (1) en “Las comedias de la Ealing”

La cinefilía está presente también en Campanella (discípulo y amigo de Martínez Suárez), pero desde otro ángulo; hay una inequívoca aproximación entre Nora Ordaz y la Norma Desmond de Gloria Swanson de “El ocaso de una vida” (Billy Wilder, 1950), en las secuencias donde Nora Ordaz se emociona hasta el llanto viendo sus viejos filmes, o cuando baja pomposamente la escalera.

Las diferencias están por los años que fueron realizadas las dos películas. Martínez Suárez tuvo que maquillar ciertas situaciones para no sucumbir a la censura de la dictadura y no le fue mal, logró que “Los muchachos de antes no usaran arsénico” estuviera en la preselección al Oscar de Hollywood… Aunque la metáfora incluida citando el versículo de la Biblia que dice:” No tengas envidia de los que hacen iniquiedad porque pronto como hierba serán cortados”, es elocuente. Sin embargo, el ambiente claustrofóbico (alusión a la situación política-económica-social que vivia la Argentina) está presente donde viven los cuatro protagonistas (Mecha Ortiz, Narciso Ibañez Menta, Mario Soffici, Arturo Gracía Buhr y la futura compradora Bárbara Mujica, que llega poniendo en peligro la supuesta libertad de los ancianos) retratado por la estupenda fotografía  de Miguel Rodríguez.

Otros de los cambios están en el número de personajes, cinco en la película de Martínez Suárez. Seis con Francisco Gourmand-Nicolás Francella en “El cuento de las comadrejas” y cambia al admistrador y al médico por un director de cine y un guionista, quizás más cercanos de la profesión de Mara Ordaz.

Recuerdos, homenajes, guiños y lo políticamente correcto

Campanella no solo hace una remake del film de Martínez Suárez, además le agrega recuerdos cariñosos cuando el personaje de Oscar Martínez nombra a dos directores; Mario Soffici (el administrador de Los muchachos de antes no usaba arsénico) y a Daniel Tinayre, convirtiendo la película en un sentido homenaje al cine argentino. Particularmente al viejo cine policial oscuro con personajes sombrios, e intrigas que llevan a un desenlace fatal donde, claro, el crimen no es ajeno a la propuesta.

  Y actualiza a este 2019 el relato. Ya no son solo víctimas mujeres y los hombres los victimarios, ahora se comparte maldades y responsabilidades entre unos y otras.

Con un elenco que responde positivamente a las exigencias de las circunstancias a las que Campanella, hábil narrador, les impone. Con vueltas de tuercas que alargan el final (39 minutos más que la película original) es posible aparatoso. Pero que no le quita méritos al buen resultado.-

  • Teresa Montiel Álvarez, historiadora, investigadora y fotógrafa española.

 “El cuento de las comadrejas” (Argentina-España, 2019) Dirección: Juan José Campanella. Guión: Juan José Campanella y Darren Kloomok, basados en el libreto de José Martínez y Augusto Giustozzi. Fotografía: Félix Monti. Montaje: Juan José Campanella. Música: Emilio Kauder. Dirección de arte: Nelson Luty. Dirección de sonido: José Luis Díaz. Elenco: Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Claro Lago, Nicolás Francella. Duración: 129 minutos.