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Pedro y Medio

“32 años me ha costado reconciliarme con esta película” dice Salvador Mallo (Antonio Banderas, sutil y expresivo como nunca) señalando el afiche de Sabor, un largometraje ficticio en el que Almodóvar más o menos puede estar referenciando a La Ley del Deseo, aquella película de 1987 (Hmm…32 años…) con las actuaciones de Eusebio Poncela (un cineasta gay), Carmen Maura (la hermana del cineasta) y Antonio Banderas (el amante psicópata de los dos anteriores).

Salvador viene a visitar a Alberto (Asier Etxeandia, que puede ser o no el verdadero Poncela), el protagonista de aquella película ochentera, ahora ocupado en catar distintos tipos de heroína. La razón de la visita es compartir la futura presentación que la Filmoteca Española ha hecho de Sabor, ahora restaurada para ser nuevamente vista en la gran pantalla.

Mientras tanto, entre meditaciones en el agua, sueños y viajes opioides, Salvador recuerda su infancia junto a su madre Jacinta (una Penélope Cruz, que al igual que Banderas, demuestra que no hay nadie que la haga brillar más que el director Manchego).

Almodóvar logra su mejor película desde Volver (que creo que sigue siendo mi favorita) con Dolor y Gloria, una especie de amalgama de Otto e Mezzo y Amarcord, ambas de Fellini, donde vierte, con gran sensibilidad y talento, casi todos los temas que ha desarrollado en su carrera: el hacer Cine, la Homosexualidad, el Catolicismo, las Drogas, el Deseo y por supuesto, Mamá.

A pesar de esto, Dolor y Gloria quizás sea la película de Almodóvar, para los que no gustan de Almodóvar, ya que, si bien es cierto que existe un importante consumo de estupefacientes y hay un desnudo frontal masculino que puede ofender a los espectadores más sensibles, la película elude ciertas características grotescas y caricaturizantes de la habitual filmografía del cineasta de La Mancha, usualmente criticada por la prensa compatriota del director.

Y varias de sus secuencias, como el monólogo de Alberto, todo lo referido a la infancia y a la Madre (mención especial para el regreso de Julieta Serrano a ser Chica Almodóvar), los cinco minutos de Leonardo Sbaraglia o ese plano final que cierra todo a la perfección, ya se encuentran entre lo mejor del Cine del Director (si, con mayúsculas) de España.

Una película para cinéfilos.

Para los hipocondríacos.

Para los nostálgicos.

Para los melancólicos.

Para todos los que despertamos y recordamos lo felices que fuimos en nuestra niñez, ese tiempo donde no existía el dolor y solo se podía avecinar la gloria del futuro.

Eso, y mucho más, es la ultima obra de Pedro Almodóvar.